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Día 23 en una Prisión.

Señor, justo en la mañana me recordaste que tú cuidas de mi como un Padre.

Desperté y me di cuenta que uno de los enchufes estaba conectado al mismo tiempo entrelazado con un collar de metal, estaba haciendo una reacción eléctrica, provocando una chispa y quemando el enchufe, esto pudo haber provocado una explosión justo a unos centímetros de mi cara, mientras dormía.


Señor, no puedo más que agradecerte por tu cuidado y amor. Decidí colgar en mi cuello ese collar quemado, para recordarlo. Y durante el día, lo empecé a olvidar.

El día no salió como quería, en mi mente había un día perfecto, pero una sola cosita arruinó el plan, todo iba perfecto, pero primero el tráfico, y después quedarme en cero en una aplicación que necesitaba fondos.

Definitivamente Señor me estás poniendo en situaciones que se salen de control, para enseñarme.



Después al momento de acostarme solo podía pensar en las cosas que salieron mal, y me trajiste a la mente al pueblo de Israel, donde se enfocaba en su propio egoísmo por el desierto, se enfocaban en sus propias necesidades, como frío, calor, sed, hambre y no se fijaban en el rescate, en la tierra prometida, en el triunfo sobre el pueblo de Egipto, en la nube de día, en la columna de fuego en la noche, en el agua que salía de la piedra, en la mana…

Olvide lo que hiciste por mi aun a pesar de que durante el día me colgué el collar, y me enfrasque en mis necesidades. Al momento en que me fui a dormir, quité mi collar, y es ahí, donde aprendí esta lección.

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